Históricamente, los médicos han aconsejado a los pacientes sometidos a tratamiento para combatir el cáncer el reposo y evitar cualquier ejercicio físico. Sin embargo, diversas investigaciones en las dos última décadas han confirmado los beneficios del ejercicio físico en la prevención del cáncer, y en la recuperación.

La revisión del Physical Activity Guidelines Advisory Committee 2018, ha concluído que hay pruebas sólidas de que la actividad física reduce el riesgo de siete tipos de cáncer (cáncer de colon, mama, riñón, endometrio, vejiga y estómago y adenocarcinoma de esófago), y evidencia moderada de cáncer de pulmón, destacando el hecho de que el aumento de la actividad física puede reducir el riesgo de muchos más cánceres de lo que se pensaba justo hace 10 años.
Según el “Informe de la mesa redonda del Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte sobre actividad física, comportamiento sedentario y prevención y control del cáncer.” (2019), estar físicamente activo es uno de los pasos más importantes que las personas de cualquier edad y habilidad pueden tomar para la prevención, el tratamiento y el control del cáncer.

Beneficios del ejercicio físico en la prevención y recuperación del cáncer

Si bien no se ha comprobado empíricamente la relación directa entre actividad física y prevención del cáncer, si se ha contrastado el efecto del ejercicio en la capacidad de recuperación de los pacientes que han vencido al cáncer.

Menor ansiedad

Estar en forma y contar con un programa de capacitación supervisada aporta mayor confianza en sí mismos en los pacientes tanto antes, durante y después del tratamiento.

Asimismo, esto tiene como consecuencia la reducción de los síntomas de depresión asociados habitualmente a esta lucha. La combinación adecuada en tiempos e intensidad de diversos programas de entrenamiento se ha demostrado como el antidepresivo más natural y eficaz.

Menor fatiga

La fatiga propia del tratamiento -puesto que los diversos tratamientos son agresivos para con el organismo- puede llegar a persistir una vez finalizado. La actividad física ayuda a los pacientes a reducir su presencia y sentirse mejor físicamente, lo que redunda en una mayor calidad de vida.

El ejercicio adecuado, en el momento adecuado

beneficios del ejercicio físico en la prevención del cáncer

¿Todos los ejercicios son igual de beneficiosos para pacientes que están en recuperación? Lo cierto es que algunos médicos y entrenadores han registrado que existe una relación entre determinados tipos de ejericios y el desarrollo de linfedema en el paciente, sobre todo cuando el entrenamiento se ejecuta sin las pautas y seguimiento de un entrenador personal.

Sin embargo, cuando se establece una rutina combinada de varias áreas, progresiva y al ritmo de la capacidad del paciente, la actividad física revela todo su potencial.

Mejoras del ejercicio físico en la prevención del cáncer y su recuperación

Mejora en la salud ósea

Realizar entrenamiento de fuerza es un elemento interesante para disminuir la pérdida lenta de hueso, ya que se mejora la densidad ósea en la columna y la zona de la cadera, áreas sensibles, especialmente en las mujeres. Los pacientes que han superado el cáncer pueden mostrar cierta debilidad ósea, por lo que se ha de planificar en profundidad qué tipo de ejercicios y con qué intensidad ejecutarlos.

Están completamente desaconsejados estos ejercicios de fuerza a aquellos pacientes con problemas de estabilidad o en las articulaciones. En estos casos, como entrenadores personales recomendamos planes personalizado de rutinas para reducir el riesgo de caídas y/o fracturas.

La calidad del sueño

Asociado al bienestar general, un sueño de calidad que aporte descanso es vital para los pacientes en tratamiento, y también como elemento de prevención.

Ejercicio físico y prevención del cáncer

Del mismo modo que se utiliza el ejercicio físico para la recuperación postratamiento, existen evidencias de la actividad física puede prevenir tumores malignos; otros estudios apuntan a que el ejercicio aumenta la probabilidad de supervivencia una vez diagnosticado e iniciado el tratamiento.

En este sentido, no existe una certeza empírica, pero sí se han publicado diversos estudios sobre cómo la actividad física reduce el crecimiento tumoral. Incluso cuando el ejercicio se mantiene en el tiempo, actúa como freno de la homeostasis en el cuerpo e impulsores de la eficacia de los tratamientos.

La supervivencia al cáncer aumenta en la misma proporción que surgen tratamientos cada vez más efectivos. Con todo, los síntomas de fatiga asociados a los tratamientos agresivos para combatir el cáncer persisten años después de finalizado en el 25% de los pacientes.

Este cansancio crónico supone un impedimiento para que estas personas retomen su vida al 100%. El ejercicio y la actividad física regular, antes y después del tratamiento ayudan al paciente a reducir esta incidencia, y retomar la normalidad. Los beneficios del ejercicio físico en la prevención del cáncer están, pues, confirmados.

Así las cosas, estar físicamente activos es uno de los pasos más importantes para prevenir, tratar, controlar y recuperarse del cáncer.